martes, 5 de junio de 2012

¿Por qué mienten los niños?

Todos los niños pequeños mienten en algún momento. En los menores de cinco años, el mundo mágico de los sueños, deseos y fantasías, no siempre se diferencia de la realidad.
Pero cuando la mentira se convierte en algo crónico pasada esta edad, revela un problema más profundo de inseguridad o falta de autoestima que conviene averiguar y tratar. Si no quieres que tu hijo mienta a todas horas, evita hacerlo tú delante de él.
Todos mentimos en algún momento: por conveniencia, vergüenza, interés, respeto o necesidad. Por piedad, desesperación, defensa o simplemente por gusto. Las mentiras crecen con nosotros y evolucionan junto con nuestra personalidad. Pero si la mentira es persistente y trastorna nuestra vida y la de los que nos rodean, se convierte en algo patológico y peligroso.
Los padres desean que sus hijos no les mientan nunca, que confíen en ellos y les digan siempre la verdad. Para lograr esto, hay que inculcar ciertos hábitos de conducta y darles ejemplo desde pequeños. Mentir es una parte natural del desarrollo mental del niño y ciertas mentiras son positivas, pero si tu hijo es muy pequeño, es peligroso que se dé cuenta de que alterando la realidad obtiene un beneficio, porque así aprende a decir mentiras para evitar sus responsabilidades, y de adolescente engañará para probar sus propios límites y salirse con la suya

Cómo tomar decisiones sobre nuestro hijo

Los padres a los que se les hace tan difícil tomar decisiones respecto a sus hijos no tienen confianza en cómo debe actuarse.

Para ciertos padres, cualquier resultado que no sea una comprensión inmediata y espontánea o una respuesta efectiva a las dificultades, es señal de su incapacidad personal. Esto es una auténtica tontería, NADIE HA NACIDO SIENDO PADRE. Por el contrario, ser padre es algo que se aprende.

No resulta sencillo adoptar decisiones sobre cómo proceder con los hijos. Tenemos que hacer lo que podamos con lo que tenemos. Como padre, usted necesitará disponer de tiempo para sentarse tranquilamente a analizar las dificultades de sus hijos y para decidir qué hacer.

Cuando los padres se muestran indecisos en relación con sus hijos, éstos lo perciben y ello afecta a sus sentimientos de seguridad y de bienestar.

Si nos equivocamos al escoger, padres e hijos seguimos juntos y podemos así corregir los errores cometidos en el pasado. Esta voluntad de actuar con decisión, incluso ante la posibilidad de cometer errores, es lo que permite al adulto adquirir cierto grado de confianza, la que a su vez le proporcionará la capacidad de corregir sus errores.

Los padres que se muestran indecisos ofrecen a sus hijos una inmejorable oportunidad para ser caprichosos y dominantes creando un clima de tensión cada vez mayor.
Cuando los padres están además dispuestos a admitir sus errores y a aprender de ellos, también están creando el clima necesario para que los hijos, a su vez, admitan sus propios errores y aprendan de ellos.
Las claves para resolver la mayoría de las dificultades que los padres tienen con sus hijos consisten en establecer unas normas, marcar las consecuencias que se derivan de la ruptura de esas normas y utilizar una disciplina coherente.

Las normas efectivas contribuyen a que el niño se sienta seguro, de modo que no tenga que comportarse mal.
Un conjunto de normas define cuales son las relaciones entre los miembros de la familia, ofrece pautas para tomar decisiones y proporciona ideas sobre cómo deben producirse los cambios dentro de la familia. El procedimiento de establecer normas y límites para los niños no es inamovible pues deben irse ajustando a las circunstancias cambiantes como el crecimiento físico, la maduración intelectual y afectiva y las nuevas condiciones de la vida familiar. Si en la familia no se produce un proceso semejante, El caos resultará inevitable. Todos sus miembros sentirán inseguridad y ansiedad cuando existan falta de entendimiento y confusión en cuanto al papel que cada uno debe jugar para tener un comportamiento adecuado

Como entender a nuestros hijos

  • Padres e hijos no son iguales en todos los aspectos. La única diferencia es la natural dependencia del niño en relación con la seguridad, el apoyo y la alimentación, que otorga a los padres una responsabilidad natural sobre amplias áreas de la vida del niño.
  • Los padres que castigan a los niños que no se comportan como se espera de ellos, no son "malos padres". El castigo sólo es malo cuando:
    1. No sirve para cambiar el comportamiento de un niño
    2. Acarrea consecuencias no deseadas para el niño
  • Los padres promueven el sentido de la seguridad en los niños cuando dicen exactamente lo que pretenden, cuando lo dicen claramente y cuando son coherentes y predecibles en su comportamiento.
  • Un niño puede desarrollar su sentido de la responsabilidad sólo cuando se le considera responsable de sus actos. Este sentido de la responsabilidad puede y debe ser enseñado por los padres.
  • La autoridad paterna no tiene porqué ejercerse de manera abusiva, mezquina, dura o dañina para el niño. No obstante, la autoridad corresponde a los padres.
  • La mayor parte de las dificultades entre padres e hijos surgen de la lucha que se establece por disponer de poder y control. Los padres deben saber cómo ganar esta batalla cuando sea necesario, de modo que puedan otorgar poder a sus hijos cuando sea más aconsejable.

Cómo hablar al niño
  • Mírale a los ojos y fomenta que tu hijo/a también te mire así a ti. Si a tu hijo le cuesta puede ser útil jugar en otro momento al "Juego de las miradas ".
  • No olvides elogiarle cuando lo haga.
  • Háblale con voz firme y relajada.
  • Utiliza frases sencillas. Y evita discursos.
  • Explica a tu hijo los sentimientos que producen en sus acciones o actitudes en fugar de criticarle directamente (además de establecer consecuencias cuando sea necesario): "me enfado mucho cuando dejas tus juguetes sin recoger y tengo que recogerlos yo", " me enfado mucho cuando tardas mucho en comer y tengo que esperar para recoger la cocina y no puedo estar luego contigo leyéndote un cuento",...
  • Aprende a utilizar frases en 1a persona en lugar de en 2a. De esta manera se evitan las críticas y culpabilizar al niño y no dejas de expresar tus emociones con eficacia.
  • Di lo que piensas y piensa lo que dices.


Algunos consejos:
  • Concierta Citas para hablar. No Olvides Cumplir Las Citas.
  • Préstale la máxima atención. Actúa como si tuvieras todo el tiempo del mundo y como si fuera un amigo tuyo el que tuviera un problema.
  • Inicia la conversación. A veces les cuesta mucho arrancar. Entonces servirán frases como: "Hablemos" o "Dime lo que te preocupa"; a veces, es mucho mejor ser más específico: "Cuando has llegado del colegio parecías muy triste. ¿Me quieres contar qué te ha pasado? ".
Puede que el niño/a diga que no quiere hablar en ese momento. Entonces respétalo/a y hazle saber que podrás hablar más tarde, cuando esté dispuesto/a.
 
También es posible que tu hijo/a necesite un empujón más y que contándole primero un cuento o inventando una historia donde aparezca un niño/a como tu hijo/a, al que le ocurre algo similar... puede que entonces empiece a expresarse.
Otras veces lo mejor es empezar por sentarse a su lado abrazándole y esperar sin prisa a que arranque.
  • Mantén la conversación viva. Resiste la tentación de resumir lo que cuenta antes de que haya acabado. Evita dar largos discursos, ... Sigue el hilo como un amigo en fugar de un policía haciendo un interrogatorio. Debes aprender a ponerte en su lugar, hacerle saber que entiendes cómo se siente, ponerte a la altura de la visión del mundo que tu hijo/a tiene, que no necesariamente debe ser la "verdad" exacta de lo que ocurrió.
Finalmente haz saber a tu hijo/a que estás contento/a de que comparta sus sentimientos contigo:" Gracias por contármelo", "me alegro de que me lo cuentes, sé que te habrá costado",... o simplemente un abrazo.

Cómo escuchar a nuestros hijos para que ellos nos comuniquen sus preocupaciones, alegrías, sentimientos... 
  • Observar su comportamiento.
Cuando el niño/a empieza a actuar repentinamente de una forma distinta, es muy posible que intente comunicar algo.
  • Ayudarle a Expresar sus Emociones.
El proceso de enseñar a un niño a definir y expresar sus emociones es lento y supone mucha insistencia.
Con los niños muy pequeños es útil utilizar el "árbol del sentimiento". A medida que el niño se hace mayor es útil utilizar expresiones como: "Suena como si estuvieras enfadado con", " Parece que te preocupa algo. ¿Qué crees que es? ",... y fuego tras una corta charla puede lograrse que el niño verbalice que está celoso,...
No hay que olvidar tampoco que no sólo se le ha de enseñar a expresar sus sentimientos sino que también se debe añadir una consecuencia a su comportamiento.
  • Tiempo para Escuchar.
Es muy importante encontrar un rato diario para hablar con nuestros hijos, en el cual nos cuenten lo que les ha pasado durante el día y sus sentimientos, de manera que se sientan libres para darnos detalles.

Interaccion entre padres e hijos

LA INTERACCIÓN PADRES-HIJOS

Para mantener una buena relación es necesario que la comunicación sea buena y este siempre abierta.
  • Hablar no lo es todo. Es mejor hablar en un tono de voz bajo pero que conlleve una consecuencia real.
  • Las tácticas para desarrollar una buena comunicación deben adaptarse a la edad y madurez del niño/a.
El orden adecuado para fomentar una buena comunicación es pasar de más consecuencias con menos palabras cuando son pequeños, y a más palabras con menos consecuencias a medida que se acerca al periodo de la adolescencia.
En general, lo mejor es usar más DIRECCIÓN con un niño/a pequeño y más COMUNICACIÓN con un niño/a más mayor.

martes, 29 de mayo de 2012

Musico Terapia Para Niños Hiperactivos

Ayuda a fijar la atención y potenciar la memoria.

El incremento de la actividad, de la atención selectiva y de la producción se ven influidos por la música. Para mejorar la atención es importante comenzar con tareas sencillas, lo mismo que para activar la producción lo es una adecuada organización. Con la música, al alumno se le pueden marcar pequeñas metas con las que lograr realizar correctamente una tarea, evitando en gran medida la distracción, mejorando la ejecución y estimulándole.